Por: Andrés Becerra L.

Andrés Becerra L.
Andrés Becerra L.

No pretendo dar respuestas de erudito, sino hacer preguntas de interesado en el tema del perdón. Haré algunas reflexiones sobre el perdón, abordándolo desde diferentes ángulos, para ir formando en las sucesivas entregas de esta serie una imagen sobre el tema, que espero sea clara y completa, y al final, una metodología para adquirir capacidad para perdonar.

Las expresiones populares muy antiguas y muy generalizadas, esas que hemos venido repitiendo por generaciones, guardan claves ocultas para COMPRENDER asuntos muy importantes. Una de ellas es “la escuela de la vida”. En ella se oculta nada menos que EL PROPÓSITO FUNDAMENTAL DE LA VIDA (pero esto merece toda una columna).

Cada quien mira en los sucesos algo diferente, porque su mirada está condicionada por su particular comprensión de la vida, por su personal escala de valores y prioridades.

Todos hemos estado en situaciones en las que la mayoría asume como normal o intrascendente un evento, pero hay alguien del grupo que lo considera una ofensa, y protesta con enojo. Luego de que esa persona se va, los demás se quedan comentando su reacción y se dicen cosas como “qué bobada enojarse por eso”, “esa persona es muy delicada”, “es que arma problema por todo”…

¿Qué estamos haciendo al revisar y comentar el enojo de esa persona? Tratando de COMPRENDER por qué ella se ofende por algo que a nosotros nos parece normal, aceptable, hasta deseable. Esto es muy importante; es lo que los abuelos llamaban “aprender en cuero ajeno”, es decir, aprender a partir de las experiencias de otros, sin tener que sufrir necesariamente lo mismo para obtener ese aprendizaje.

¿Qué tal si aplicamos ese mismo procedimiento a nosotros mismos? ¿Qué tal si nos tomamos un tiempo para reflexionar profundamente sobre las razones que hay detrás de mi enojo por algún suceso?

Cada cosa que ocurre en nuestras vidas es un ejercicio que nos ponen en esta Escuela de la Vida para que aprendamos una lección. Si no lo hacemos bien, si no aprendemos la lección, nos volverán a poner ejercicios similares una y otra vez, con algunas variaciones para ayudarnos a encontrar el modo apropiado para aprender la lección. Es como si la Maestra Vida dijera “como no entiendes oyendo, ahora te lo voy a dibujar, y si no entiendes así te lo explicaré con plastilina”.

Volviendo al tema del Perdón, cada vez que algo te ofende tienes una oportunidad para sanar algo en tu propia vida. ¿Por qué? Porque la Maestra Vida te pone en el camino las piedras (aquí valen los dos sentidos para la palabra) para que aprendas a caminar mejor, esas que conllevan lecciones específicas para ti.

Eso que te enfurece mucho cuando lo ves en otras personas, cuando “te lo hacen”, eso mismo está en ti y tú se lo haces a otros.

¿Qué tienes que perdonar? Lo que te ofendió. Pues eso mismo está en ti, así que la ira que sientes es un indicador de que debes revisar en tu vida de qué modo y en qué ocasiones, contra cuáles personas, tú haces lo mismo.

Dado que somos especialistas en crear leyes para los demás y excepciones para nosotros, tendemos a pensar que somos mejores que los demás. Decimos cosas como “al menos yo no robo, ni mato, en cambio ellos…”, pero hay muchas formas de matar. Hay millones de personas que caminan por las calles, y van a su trabajo, y parece que están vivas, pero fueron asesinadas por su padre o su madre hace muchos años (por ejemplo, cuando la rechazaron porque quedó embarazada sin haberse casado, o cuando la echaron de casa al descubrir que era homosexual).

¿Has notado que hay cosas que “te ocurren” repetidamente a lo largo de tu vida? Esa tendencia de repetición en los sucesos es un indicador de que en ellos hay algo que todavía no has aprendido y requiere tu atención. ¿Por qué te sigues ofendiendo por un mismo evento que “te ocurre” una y otra vez? Porque tú haces eso mismo, y te dan la oportunidad de ofenderte y sufrir por ello para que COMPRENDAS cómo se sienten los demás cuando TÚ HACES LO MISMO.

Los demás son un espejo en el que podemos ver nuestros propios defectos, y las cosas que exigen nuestro perdón son indicadores de que esas mismas cosas las hacemos nosotros (de otro modo, claro está, y sin darnos cuenta) y pone a los demás en la situación de tener que perdonarnos. Este efecto espejo podemos observarlo en otros cuando reprochamos que critiquen en alguien lo que ellos mismos hacen, y usamos aquella expresión de “un burro hablando de orejas”.

Pues así como logramos verle las orejas a aquel burro que las condena, así mismo las tenemos nosotros cuando condenamos a otros (quizá cuando lo hacemos hay otra persona pensando que somos el burro que habla de orejas), así que la clave de hoy es aprovechar esos eventos que exigen nuestro perdón para descubrir EN NOSOTROS MISMOS cómo es que HACEMOS LO MISMO. Así podremos sanarnos de todos esos males que llevamos ocultos y criticamos en los demás.

Cuando adquieras capacidad para perdonar eso que hizo el otro estarás perdonándote a ti mismo por las veces que también haces lo mismo (aunque de otro modo), porque habrás logrado COMPRENDER que el otro es meramente humano, LO ACEPTARÁS como tal, e implícitamente te estarás ACEPTANDO A TÍ MISMO como humano que se equivoca, y con ello vendrá un aumento en tu paz interior, que contribuirá a la paz de tu entorno.

 Mientras no COMPRENDAS, no podrás ACEPTAR, y mientras NO ACEPTES, seguirás SUFRIENDO.

 Tus comentarios permitirán establecer un diálogo respetuoso y argumentado sobre este tema tan importante, tan VITAL. Mil gracias por tu atención. Un abrazo.