Por: Alejandro Castro Guerrero

En el camino de la vida Dios nos ha permitido conocer, compartir y aprender de extraordinarios seres humanos que nos aportan para un constante crecimiento personal y profesional. Tuve la gracia divina de convertirme en locutor, iniciando aprendizaje en Radio Sur de Pitalito, por allá en 1.987 y de ahí en adelante, ires y venires, entre Bogotá, D.C., Neiva, Garzón, Fusagasugá y hasta Pacho, (Cundinamarca). Grandes locutores, como Fred Emiro Nuñez, Fernando Calderón, Luis Fernando Posada (fallecido), Gustavo Niño, Florentino Mesa, Juan Carlos Arenas, Alberto Ávila, Ana María Hernández, entre muchos; pero don Gustavo, es don Gustavo de Medellín Antioquia, con quien compartimos micrófonos  transcurriendo los años 92 y 93 en Radio Sumapaz de Fusagasugá 1550 en amplitud modulada, (desaparecida) hoy Kirios Radio.

Don Gustavo, en Nueva Época del Circuito Todeler de Colombia, año 1.971
Don Gustavo, en Nueva Época del Circuito Todelar de Colombia, año 1.971

Además de ser un señor “Locutor”, Gustavo Ernesto Jiménez es hombre recio, serio, cortante, decente, honesto, culto y por sobre todo esposo, padre y amigo. Ha sido junto con su esposa e hija, comerciante y micro empresario. A sus setenta es productor de audios para radio y televisión desde la sala de su casa, en su computadora en un lugar cómodo de Fusagasugá, Colombia.  Su discapacidad física no le dificultó trasegar desde los años 70 en la “Radio” desde Santa Fe y 1.020 en Bogotá. En provincia pasó por Radio Galaxia de Arbelaéz, Nueva Época y Radio Sumapaz de Fusagasugá.

Recuerdo que unos amigos del barrio me insinuaron un día que tenía buena voz, que debería capacitarme para ser locutor y sin pensarlo mucho inicié el proceso de formación académica en el Colegio Superior de Telecomunicaciones de la capital del país, donde recibí la preparación durante 1.969 y obtuve la licencia de Locutor número 695 conferida por el Ministerio de Comunicaciones, en el 70“, me cuenta don Gustavo con algo de nostalgia.

Un radio receptor, de moda en los años 60
Un radio receptor, de moda en los años 60

“Con deseos de comenzar a trabajar, hice varias pruebas en diferentes emisoras de Bogotá y todos coincidían que mi estilo se adaptaba para una u otra radio, pero que no acreditaba experiencia; entonces uno de mis colegas que recibió una propuesta de Fusagasugá y no la tomó, me refirió y de inmediato me presenté en Nueva Época con don Aristóbulo Ávila Baquero, (q.e.p.d), él me dio la primera oportunidad y trabajé 5 años con ellos. En el 76 partí de nuevo hacia la capital, llegué a 1,020 en donde el director artístico Jaime Martínez Solorzano (q.e.p.d) me permitió hacer parte de un equipo de radio magnífico; enseguida ingresé a Radio Santa fe, donde honrosamente colaboré con el elenco del programa “El Pereque” una radio revista que me permitió alternar con las voces de Carlitos Gómez Moreno,(huilense ya facellido),  además de compartir con importantes figuras como: Juan Helmuth Larrahondo Cardona, Marco A. Barrera Prieto, Gustavo Bernal Mendoza, Alberto León Ossa Henao, Luis Guillermo Rincón Porras, en fin se me escapan muchos nombres“, comenta don Gustavo.

Don Gustavo Eernesto Jiménez, hoy.
Don Gustavo Ernesto Jiménez, hoy

Además afirma que: “Tristemente la Radio de hoy sin el ánimo de criticar, pero sí  lamentar, ha desmejorado. A nosotros se nos consideraba como consultores, hoy los oyentes critican a las personas que trabajan en la radio por su vocabulario y en lo musical ni se diga, no hay una llamada de atención del Ministerio de Comunicaciones para esas emisoras que no hacen sonar un bambuco, una guabina, nuestra música colombiana folclórica está desaparecida, mejor dicho la radio de ayer añorable”, afirma Gustavo Ernesto Jiménez, quien regresó a Fusagasugá por los 80 y se quedó trabajando hasta su pensión en las dos emisoras comerciales Radio Sumapaz y Nueva Época.

Anhelo que esta nota se convierta en un homenaje para las personas de Radio con las que hemos compartido en alrededor de 30 años (intermitentes) de trasegar en el medio de comunicación más fascinante, en el que Dios nos permitió formarnos.

Para todos mis respetos, admiración y aprecio.